La cabra de monte (Capra pyrenaica)


Este fascinante animal también llamado cabra montés o íbice ibérico es originario de la península ibérica. En la actualidad se puede encontrar principalmente en áreas montañosas del sur de España.  Aunque en la mayoría de las regiones españolas su caza está prohibida, en otras localidades como Gredos se cazan para controlar su población, dado que sus depredadores naturales también se extinguieron. En la actualidad la especie no supera los 50.000 ejemplares.

Al igual que otros bóvidos es una especie con fuerte dimorfismo sexual. Los machos pueden superar los 100 Kg y miden aproximadamente 1.5 metros, en cambio las hembras no superan los 45 Kg y tienen una altura de 1.2 metros. Las hembras poseen cuernos cortos similares a los de una cabra doméstica en cambio los machos poseen grandes cuernos circulares.

Está emparentado genéticamente con el íbice alpino (Capra ibex), el íbice siberiano (Capra sibirica), el tur del Cáucaso occidental (Capra caucasica), el tur del Cáucaso oriental (Capra cylindricornis), la cabra salvaje o cabra bezoar (Capra aegagrus), el marjor (Capra falconeri), el íbice de Nubia (Capra nubiana) y el íbice de Etiopía (Capra walie).

Ya a finales del siglo XIX, la población de cabra montés estaba en rápida regresión, habiéndose extinguido la subespecie gallego-portuguesa. Alfonso XIII de España creó en 1905 el Refugio Real de Caza de la sierra de Gredos para limitar la caza de este animal en la zona y salvar así a la entonces reducida población local, pero no tomó mayores medidas por el salvamento de la especie. No fue hasta 1950 cuando comenzaron a crearse numerosas reservas para proteger la cabra montés, aunque en muchos casos no se crearon políticas adecuadas al efecto.

Aunque sus depredadores naturales (lobos, osos y águilas) se han casi extinguido, la caza, la agricultura y el aumento de población humana la especie está en peligro de extinción. El hecho de ser una especie única en el mundo, endémica de la península, la convirtió en una cotizada especie de caza mayor.

Ya a finales del siglo XIX, la población estaba en retroceso habiéndose extinguido la subespecie gallego-portuguesa. En 1950 comenzaron a crearse numerosas reservas para proteger la cabra montés, aunque en muchos casos no se crearon políticas adecuadas al efecto.

Debido a la falta de cabras monteses para las cacerías durante la época del franquismo se introdujeron especies foráneas como el muflón que atentaron directamente sobre la diezmada población de cabras de monte dado que competían por los mismos recursos alimenticios.

Contando todas las subespecies que sobreviven podrían sumar cerca de 50.000 ejemplares, presentes en su mayor parte en sierra Nevada, Gredos, las Batuecas, Los Puertos de Morella, Muela de Cortes, Serranía de Cuenca, Alcaraz, sierra Madrona, sierra Mágina, sierra de Cazorla, sierra de Segura, los Filabres, sierra de las Nieves y montes de Cádiz.

Aunque en la mayoría de las regiones españolas su caza está prohibida, en otras localidades como Gredos se cazan para controlar su población, dado que sus depredadores naturales también se extinguieron.

Existen desde hace tiempo intentos de reintroducción de la especie en Galicia, en la cordillera Cantábrica principalmente los núcleos de los Ancares y el Parque Regional de Picos de Europa en Castilla y León y desde el 2014 en los Pirineos, concretamente en el Ariège y en el Parque nacional

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