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Calentamiento Global: Hasta donde llegarà?

Es imposible saberlo a ciencia cierta, por eso debemos ser precavidos

JAMES TREFIL (TIME) -- Hasta hace poco tiempo, se hablaba del recalentamiento global como si fuera el Apocalipsis: la Estatua de la Libertad quedaría sumergida bajo las aguas del puerto de Nueva York y Oslo se vería acosado por una epidemia de enfermedades tropicales.

Gracias a los avances en el campo de la climatología, este asunto ya no parece una película de terror, sino un tema científico y político, grave pero controlable.

Esto es lo que sabemos: dado que la luz solar se proyecta constantemente sobre la Tierra, las leyes de la física dicen que el planeta debe irradiar la misma cantidad de energía que recibe del espacio. La Tierra lo hace emitiendo rayos infrarrojos a través de la atmósfera, donde se forma una manta de moléculas (dióxido de carbono, por ejemplo) que retiene temporalmente las radiaciones, y calienta la superficie del planeta. Estas moléculas producen un efecto similar a la cubierta de vidrio de los invernaderos, y por esta razón este proceso es conocido como el "efecto invernadero".

Este fenómeno no es nada nuevo: es tan viejo como la Tierra.

Sin él, la temperatura sobre la superficie del planeta sería de 20 grados bajo cero, los océanos se habrían congelado hace siglos, y no existiría ninguna forma de vida.

La cuestión para el próximo milenio no es el efecto invernadero. Se trata de saber si la atmósfera, al recibir tanto dióxido de carbono (producido cuando quemamos combustibles fósiles), quedará alterada de manera significativa. Y si nuestro clima cambiará con ella.

Conociendo las causas del efecto invernadero, debería ser fácil predecir cuánto se va a recalentar el planeta en el futuro, pero no es tan sencillo. El mundo es demasiado complejo para ser medido con precisión por el instrumento preferido por los climatólogos, la computadora. De hecho, casi todas las opiniones en el debate sobre el efecto invernadero parten de la imposibilidad de representar el planeta, en toda su complejidad, con los instrumentos existentes.

Las predicciones más fiables son las realizadas por el Panel Intergubernamental sobre los Cambios Climáticos (IPCC), una asociación mundial integrada por más de 2.000 climatólogos.

Según sus cálculos , para el año 2100 la temperatura de la Tierra subirá entre 1 grado y 3,5 grados; y la predicción más probable será un aumento de 2 grados. Según el cálculo más prudente (el de 1 grado), el aumento llevaría a las mismas temperaturas registradas entre los años 950 y 1350 d.C., es decir, 1 grado más que la actual. Este clima es uno de los más benignos de la historia.

Pero para encontrar cambios climáticos más bruscos, habría que remontarse 10.000 años atrás, a finales de la última Era Glacial.

Por aquella época, la temperatura de la Tierra era 5 grados inferior a la actual, pero debido a una serie de causas las temperaturas globales subieron unos 5 grados en cuestión de décadas.

Si ocurriera hoy en día, los océanos inundarían las costas y habría terribles tempestades. Algunos lugares se volverían más húmedos y otros más secos, y podría expandirse el radio de alcance de las enfermedades contagiosas.

Si las predicciones de la IPCC se mueven dentro de un margen extremadamente extenso, es porque todavía no conocemos el nivel de dióxido de carbono que los seres humanos producirán en los próximos años.

No sabemos aún cómo actuaremos frente a este dilema y por eso es difícil medir sus efectos. Podremos desarrollar tecnologías que puedan hacer frente a un exceso de dióxido de carbono, pero la mejor manera de controlar la situación es no producirlo, y ésta es precisamente la propuesta del Protocolo de Kioto de 1997 para limitar las emisiones de carbono en los países desarrollados.

No tiene sentido exagerar las consecuencias del recalentamiento global, pero tampoco hay que ignorarlo. La mejor garantía ante tanta incertidumbre es una política sensata basada en el ahorro de energía y en el uso de fuentes alternativas. Además, aparte de las consecuencias del recalentamiento global, nuestros nietos nos agradecerán haber inventado cosas tan geniales como autos y electrodomésticos de bajo consumo y energía solar barata.

James Trefil es profesor de Física de la Universidad George Mason y autor de "101 Things You Don’t Know About Science and No One Else Does Either"

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