Refugiados: “no venimos a invadir, venimos a aportar”



“Nuestra comunidad no viene a invadir un espacio, sino que queremos aportar, no estamos aquí por quererle quitar algo alguien, sino por querer salir del problema que estamos y no venimos a dañar a nadie ni porque tengamos ganas de salir de nuestro país o venir a pasear. Es por el problema que nos obligó a huir, un problema que sabemos que no tiene retorno, y por el que tuvimos que dejar todito. Pero aquí es otra vida y vamos a empezar de nuevo” expresó la salvadorense Karla Torres, una de las beneficiadas del Programa Vivir la Integración, un programa que nació en el año 2013 que promueve la inserción de las personas refugiadas en mercado laboral, y a través de esto, su integración en la sociedad costarricense.

Karla Torres y su familia estaban amenazados por las famosas maras de su país y un dia decidieron vender su auto  (su única pertenencia) y con ese dinero migrar a Costa Rica. Luego de atravesar Nicaragua y con su esposo enfermo llegaron a Costa Rica ya casi sin dinero, fue ahí cuando lograron la ayuda de organizaciones locales que les dieron desde comida, hasta formación para comenzar a trabajar.

“Las organizaciones ayudaron con alimentos, económicamente y me dieron capacitaciones. A mis hijas les dieron psicología porque ellas venían muy mal, el varón también, y los metieron a un grupo de apoyo. Entré a un proyecto para emprendedores, me dieron un capital semilla con el que yo pude comprar mi planchita, mis cositas de plástico, y un hornito. Con ese es el que yo salí adelante, con lo que hago las ventas.” indicó Karla a periodistas de la ONU.

Karla ahora vende “pupusas”, el plato nacional de su país, tortillas de maíz rellenas y hechas a mano. Pero ella no aprendió a hacerlas en El Salvador, sino en Costa Rica, por pura necesidad. “Yo no sabía hacer pupusas y no sabía qué hacer, porque me salían mal y yo sabía que así no se podían vender”.

Pero ella continuó intentándolo hasta que logró la receta. El reto siguiente estaba en salir a la calle a venderlas. “Yo ni decía que estaba vendiendo. Yo iba caminando y me decían ¿qué lleva ahí de vender? Y yo decía son pupusas, y me decían por qué no avisa señora Karla que no le dé pena. Así empecé”.

Enhorabuena para todas aquellas organizaciones que han ayudado a su familia y a decenas de refugiados que comparten una historia parecida a la suya.  

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