Un bombero dando agua a un koala durante los devastadores incendios del “Sábado Negro” en Australia, en 2009



El desastre, tuvo lugar en el estado de Victoria y dejó un saldo de 173 muertos. Es considerado como "uno de los días más oscuros en la historia" del país, el llamado Sábado Negro dejó un doloroso legado.

A lo largo de los años, Australia ha sido golpeada con varios incendios mortales. Pero los del Sábado Negro de 2009 fueron singulares en su ferocidad: equivalieron al poder destuctivo de 1.500 bombas atómicas.

Kevin Parkyn, un experimentado pronosticador australiano del Buró de Meteorología, dijo que la catástrofe fue una combinación de altísimas temperaturas (récord), los fuertes vientos del noroeste de más de 100 km/ h, y la gran sequía que azotaba la región. En Melbourne, la temperatura alcanzó los 46 grados centígrados.

Un posterior informe preparado por Beyond Bushfires concluye que de las 1.000 personas afectadas por los incendios entrevistadas, muchísimas sufrieron problemas de salud mental significativos como depresión, trastorno de estrés postraumático y trastornos psicológicos graves.

Pero del caos surgió una mayor planificación ante desastres por parte del gobierno y los ciudadanos. En la actualidad Australia ahora está significativamente mejor preparada para los incendios en gran escala, con nuevas medidas que incluyen nuevos códigos de construcción ignífugos y mejores sistemas de comunicación de mensajes de advertencia.

Además de los cientos de personas que murieron sumados a los miles de animales, el incendio produjo la destrucción de al menos 1834 viviendas y daños a miles de propiedades, principalmente en Kinglake y sus alrededores, además de arrasar más de 450.000 hectáreas de bosque.

 

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