¿Cuanto frío resiste el cuerpo?



Los seres humanos somos fundamentalmente animales semitropicales. En reposo y sin ropas, nuestro cuerpo esta hecho para mantener sin esfuerzo su temperatura interior normal cuando el termómetro marque unos 30 grados centígrados. Pero, como veremos a continuación, el cuerpo también cuenta con varios medios para hacer frente a temperaturas mas bajas.

Para resistir el frío debemos realizar dos acciones, por un lado generar mas calor en nuestras “estufas” interiores y al mismo tiempo conservar ese calor.

Las fuentes mas importantes de calor interno son los músculos. Estos utilizan un 70% de los alimentos que consumimos para generar calor. En condiciones normales, los músculos del cuerpo producen suficiente calor como para hervir un litro de agua helada cada hora, y cuando se mueven vivamente los brazos yo los pies, alcanzan un nivel mayor aun de producción calorina.

Experimentos realizados en el Consejo Nacional de investigación de Canadá ilustran notablemente como la actividad muscular nos libra del frío. Se demostró que la misma ropa necesaria para conservar confortablemente el calor en un clima de 20 grados centígrados, estando alguien sentado en reposo, le mantendrá el calor en un ambiente de 5 grados centígrados si camina deprisa o de -20 grados centígrados si corre.

Si no se combate el frió mediante el ejercicio voluntario, los músculos se encargan de hacerlo, y se calientan solos tiritando. Como los músculos producen mas calor en los climas fríos, necesitan mayor suministro de energía de alimentos, fenómeno que la naturaleza regula aumentando el apetito.

En promedio se consumen treinta calorías mas al día por cada grado centígrados que baja el termómetro. En lugar de aumentar la producción de calor cuando hace frío, puede lograrse casi el mismo resultado, conservando el calor existente. Todo el mundo conoce un método sencillo: cuando hace frío se uno se acurruca como formando un ovillo, y de esta forma reduce la superficie de irradiación del calor interior.

Menos conocidos son los cambios automáticos cutáneos y sanguíneos. Normalmente la sangre y la piel actúan como sistema de enfriamiento, a la manera del agua y el radiador de un automóvil: la sangre caliente que sale de los órganos internos se enfría circulando por la piel a razón de 190 a 300 litros por hora. En cambio cuando hace frío, muchos pequeños vasos sanguíneos de la piel se cierran, reduciendo la circulación a un quinto de lo normal, con el resultado de que la piel se convierte, de radiador que despide calor, en manta que lo conserva.

La eficacia de esa manta cutánea depende en parte del espesor de la grasa subcutánea. En general, las personas con abundante grasa soporta mas el frío que las personas delgadas.

El pelo de los animales aísla en la misma  forma. Muchos de ellos pueden conservar el calor corporal por medio de diminutos músculos que erizan los pelos y engruesan así la capa pilosa cuando el animal tiene frío. Los humanos tenemos también músculos que erizan el pelo de la piel, que se contraen cuando nos enfriamos repentinamente, produciendo el efecto conocido como “carne de gallina”.

Si bien el aire en reposo es un excelente material aislante, el aire en movimiento se lleva rápidamente el calor. Incluso una brisa que sople a solo 8 kilómetros por hora arrasa con consigo unas ocho veces mas calor corporal que el aire en reposo.

¿Que debe hacerse con alguien que se encuentra a bajas temperaturas, con los dedos de las manos y pies ateridos y la nariz o los oídos entumecidos?

La aplicación inmediata de calor produce menos lesiones en los tejidos y hay menos probabilidad de sufrir infecciones y gangrenas. Es recomendable llevar a la persona a una habitación templada lo antes posible, darle una bebida calienta y arroparla con mantas o colocarlo en una bañera con agua tibia, nunca agua caliente. Debe evitarse el exceso de calor y no frotar ni dar un masaje en un dedo congelado o en una oreja. En cambio, cuando la parte afectada se ha calentado, se deben hacer movimientos para producir el antes comentado calor interior que generan los músculos.

Edward Brecher

Fotografía : Flickr