La retrograda posición de Argentina con respecto a la minería



La presidente de Argentina, Cristina Fernandez de Kirchner aseguró que las reglas que rigen la actividad minera en el país no cambiarán. La postura fijada por la primera mandataria provoca inquietud y profunda preocupación dado que estimula las inversiones mineras en el país. La contaminación que produce la minería sobre el suelo y el agua deja sin recursos a las otras cadenas productivas.

Recientemente en la cumbre del G8 la presidente argentina invitó a los inversores de todo el mundo "a seguir apostando en el país" porque la minería "genera desarrollo y nuevos empleos". Dijo también que "Chile aprovecha toda la cordillera para explotar sus minerales y hacer crecer su economía, por eso para Argentina también tiene que ser una oportunidad de crecimiento".

Argentina tampoco ha trabajado en un proceso participativo de Ordenamiento Ambiental del Territorio, que es obligatorio por la Ley General del Ambiente, ni han existido instancias de participación ciudadana (como por ejemplo, la audiencia pública) en la totalidad de los emprendimientos que se encuentran funcionando ni en los proyectos mineros en trámite.

Resulta cuanto menos apresurado y riesgoso pronunciarse de manera categórica a favor de actividades que no han sido analizadas con el criterio de sustentabilidad ambiental, social y económica. Este panorama es aún más crítico si consideramos el veto que la Presidenta efectuó a la Ley de Glaciares aprobada de manera unánime por el Congreso argentino a fines de 2008. Dicha ley tenía como objetivo la protección del ambiente glaciar y periglaciar, lo que hubiera permitido una auténtica planificación estratégica para un área de sensible valor ambiental como la Cordillera de los Andes.

Comunicar que las reglas bajo las que se desarrolla actualmente la minería no cambiarán, es una decisión del gobierno argentino basada, seguramente, en el análisis de los beneficios que trae esta actividad y en el deseo de su continuidad. La política Argentina en relación a la ecología y el medio ambiente es deficiente. Mientras muchos países están desactivando centrales nucleares y promoviendo el uso de energias alternativas, en Argentina se promueve el uso de la energía nuclear, la explotación de la minería y las plantaciones de soja transgénica.

Recientemente unas 10 mil personas se manifestaron frente a la Casa de Gobierno de la provincia argentina de La Rioja, para rechazar la explotación y exploración minera a cielo abierto en la región de Famatina. La formación montañosa pretende ser explotada por la firma canadiense Osisko Mining Corporation y ante esto pobladores y ambientalistas cortan desde hace 15 días la ruta a una zona de 40 km2 que es considerada uno de los yacimientos de oro más ricos de América del Sur.

La minería a cielo abierto destruye ecosistemas a lo largo de kilómetros, además, para separar los minerales valiosos del resto, se utilizan potentes químicos que se esparcen por el ambiente, provocando todo tipo de envenenamientos (por metales pesados, arsénico o cianuro) y enfermedades.

También existe el peligro de los gases que se liberan durante los procesos de minería y del conocido "drenaje ácido" (la acidificación del agua). En la extracción de oro se utiliza el proceso de lixiviación con cianuro, que produce daños ambientales a largo y corto plazo, entre otras razones por los desechos de cianuro que se filtran y pueden acabar contaminando ríos subterráneos (en ocasiones incluso han envenenado afluentes cercanos).

JPDR para LaReserva.com

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