La pesca mundial, al borde del colapso


Un informe publicado por la revista Nature, revela que el  96% de los países, incumplieron el Código de Conducta para la Pesca Responsable de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. La sobre-pesca existente,  la irresponsabilidad para manejar los recursos ictícolas, sumados al cambio climático y la contaminación de los mares, componen un cóctel explosivo para la salud de nuestro planeta.

Según el informe, las naciones que han actuado con más responsabilidad son:  Noruega, Estados Unidos, Canadá, Australia e Islandia, las que alcanzaron apenas una calificación de "bueno", con el cumplimiento de entre 55 y 60 por ciento del convenio en cuatro años de recopilación de datos y análisis.

Existen treinta y ocho países que concentran el 40 por ciento de la pesca mundial, la mayoría de ellos en desarrollo, son grandes incumplidores del tratado, según el estudio.

Algunos de los países de la Unión Europea, que cuentan con más conocimientos y recursos, tuvieron un rendimiento similar al de sus vecinos subdesarrollados, dijo uno de los autores del informe, Tony Pitcher, miembro de la Universidad de la Columbia Británica en Vancouver.

"Los incumplimientos europeos son muy desalentadores", sostuvo. La Política Común de Pesca de la UE es un fracaso, agregó. Las naciones pesqueras del bloque no controlan su flota, no respetan las cuotas de captura recomendadas por los científicos, no controlan la actividad ilegal y cuentan con muy pocas áreas protegidas.

"Espero que este análisis obligue a la UE a limpiar su expediente", manifestó Pitcher.
El carácter voluntario del código fue crucial para lograr un acuerdo unánime en 1995, pero Pitcher y los otros coautores del informe consideraron que "llegó el momento de un instrumento legal integrado", y, por lo tanto, obligatorio, "que cubra todos los aspectos del manejo pesquero".

"Con el cambio climático alterando los océanos, tomar acciones es una necesidad muy urgente", sostuvo el experto.

Esta crisis acabará con el negocio de la industria pesquera, advirtió Jeremy Jackson, director del Centro para la Biodiversidad Marina y la Conservación del Instituto Scripps de Oceanografía en San Diego. Jackson realizó esa evaluación en la conferencia internacional Seafood Summit, que concluyó el martes en la sudoccidental ciudad estadounidense de San Diego.

En la conferencia, empresas navieras y de producción de alimentos, organizaciones de consumidores y conservacionistas y científicos buscaron acuerdos hacia la sustentabilidad de la actividad pesquera y la protección de los mares.
Jackson alertó que la sobrepesca diezma muchas especies de pez y acaba con los arrecifes de coral, que la pesca de arrastre destruye los hábitat marinos y que las zonas oceánicas muertas aumentan, así como las mareas rojas tóxicas.

El cambio climático recalienta las aguas y empuja la vida oceánica hacia los polos, mientras las emisiones de dióxido de carbono acidifican los mares, lo que reduce la formación de organismos y la supervivencia de numerosas especies, sostuvo el experto. "Los océanos sufren un cambio de hábitat extremo", sentenció.

Para poner fin a estos fenómenos, la humanidad deberá frenar, en los próximos 20 a 30 años, la emisión de dióxido de carbono, el desecho de fertilizantes en los océanos y la sobrepesca, recomendó. La captura deberá prohibirse en un tercio de las aguas oceánicas, agregó Jackson.

"El primer paso debería ser imponer por ley medidas de protección", sostuvo. Jackson aseguró que ningún dato anuncia para el largo plazo la sustentabilidad de los bancos de pesca, excepto en el caso de unas pocas especies como sardina y anchoa. El futuro de la alimentación de origen ictícola será la acuicultura, y sólo si se la desarrolla correctamente.

"El cultivo de salmón es una catástrofe", ejemplificó. La acuicultura debería depender del uso de especies nativas en aguas oceánicas abiertas, pero su desarrollo debería ser precedido de mucha investigación, aclaró. La conferencia en San Diego delineó un futuro de operaciones de acuicultura en aguas oceánicas abiertas, de modo de minimizar las posibilidades de contaminación y enfermedades ictícolas.

Aun más prometedor sería, para los expertos, un enfoque que incluya el cultivo simultáneo y en el mismo hábitat de diferentes especies --salmón, mariscos y algas, por ejemplo-- para que los desechos de unas se conviertan en el alimento de las otras.

"Los océanos están en crisis, pero éstos son también tiempos de enormes oportunidades", concluyó Jackson.

Paco Casal para LaReserva.com

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