Los elefantes triplican en neuronas a un ser humano

Con un cerebro de aproximadamente 5 kg, los elefantes triplican en cantidad de neuronas cerebrales (257.000 millones) a los humanos (86.000 millones). Esto podría explicar la variedad de comportamientos que realiza la especie, incluidos aquellos asociados con el duelo, el aprendizaje, el cuidado familiar, los juegos, el altruismo y el uso de herramientas, entre otras acciones.

El cerebro de un elefante es más grande que el de cualquier otro animal terrestre, y aunque las ballenas los superan ampliamente en tamaño, sus cerebros son apenas dos veces más grandes en masa que los de los elefantes.

El cerebro de los elefantes es muy similar al de los humanos en términos de estructura y complejidad, lo que sugiere una evolución convergente. El córtex del elefante tiene la misma cantidad de neuronas que un cerebro humano.

Los elefantes exhiben habilidad en el uso de herramientas, la compasión, la cooperación, ​ la conciencia de sí mismos, la memoria y el lenguaje.​ Además, existe evidencia que sugiere que los elefantes son capaces de entender el gesto de señalar: la habilidad de comunicar en forma no verbal un objeto.

Los elefantes tienen un hipocampo de gran tamaño y altamente complejo, su estructura del sistema límbico es mucho más grande que la de cualquier humano, primate o cetáceo. ​ El hipocampo de un elefante utiliza el 0,7% de las estructuras del cerebro, a diferencia del 0,5% en los humanos y 0,1% en los delfines de Risso y 0,05% en los delfines comunes. ​

Los elefantes tienen una actividad fascinante, emocionante y emotiva.

Las familias de elefantes solo pueden ser separadas con la muerte o la captura de sus miembros.

La etóloga Cynthia Moss gran conocedora de la vida de los elefantes una vez contó una historia maravillosamente triste que observó mientras estudiaba su comportamiento social de los elefantes africanos.

“Dos miembros de una familia de elefantes que tenemos bien identificados fueron disparados por cazadores, pero no pudieron concluir su matanza y fueron ahuyentados por los demás elefantes. Aunque uno de los elefantes murió, el otro, llamado “Tina”, se mantuvo arrodillado en el suelo. Dos miembros de la familia, Trista y Teresia (madre de Tina), caminaron hacia ambos lados de Tina y se pusieron de lado para mantenerla en pie. Con el paso de las horas Tina se puso muy débil y murió. No obstante, Trista y Teresia no se rindieron y trataron de levantarla continuamente. Lograron hacer que Tina se siente, pero su cuerpo ya estaba sin vida y cayó al suelo nuevamente. A medida que los otros miembros de la familia trataban de ayudar más intensamente, trataron de poner pasto en la boca de Tina. Teresia luego puso sus colmillos debajo de la cabeza de Tina y trató de levantarla. Cuando lo hizo, su colmillo derecho se rompió del todo, hasta el labio y la cavidad nerviosa. Los elefantes se rindieron tratando de levantar a Tina pero no la abandonaron, sino que comenzaron a enterrarla en una tumba poco profunda y lanzaron hojas sobre su cuerpo. Se pararon al lado de Tina durante la noche y comenzaron a irse en la mañana. La última en irse fue Teresia”.

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